Vida Religiosa Joven
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Consagrados por Cristo
 
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Vida Religiosa
Un espacio para compartir experiencias de la Vida Religiosa Joven en Centroamérica. Formación, apostolado, oración, sueños...
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Perspectivas para la vida religiosa joven.
Estamos en la primer década del siglo XXI. Por lo que se vislumbra en un futuro próximo estamos en un cambio de época que si no nos disponemos al cambio, puede atraparnos bien dormidos. Necesitamos paradígmas nuevos modelos... perder el miedo a hablar de santidad. Marcar la diferencia. Somos consagrados, o sea, apartados para Dios. En medio del mundo, trabajadores del reino, que crece como la semilla de mostaza y fermenta la masa del pan. Bien, no nos dejemos llevar por romanticismos ni nos quedemos en ur realismo vulgar. Procuremos ir en pos de aquello que anhelamos y queremos. La construcción de un presente y un futuro mejor. Con Justicia y Paz. Que todos los hombres y mujeres de buen corazón logren iluminar la realidad fragmentada que vivimos.
Está en nuestras manos ir más allá de lo que se nos pide. Los retos del siglo presente nos invitan a ir más allá de las fronteras, más allá de las prácticas tradicionales de pastoral. Vamos en búsqueda de aquellos miles de jóvenes, que como nosotros - aunque de modos diversos- buscan un verdadero sentido para la vida.

Vocación...

Es normal que, como seres humanos, vayamos en busca de algo que consideramos superior a nosotros, algo que está fuera. Posiblemente, según mi parecer, todos nos hemos preguntado sobre la razón de nuestra existencia. Pero pocos nos esforzamos por profundizar en esta problemática. No tanto porque no esperemos algo de nuestro futuro, sino que muchas veces nos quedamos esperando y no ofrecemos algo a la vida. Pasamos en la vida esperando sin ofrecer, sin agradecer y reclamando por cada imperfección y deseando tener otra vida... no inyectamos de vida y alegría nuestra rutina. Es tiempo de desempolvar nuestros ánimos e ir al encuentro del otro/ de la otra. La vida es más que respirar, comer, dormir y todo lo demás...
Quién quiera asumir el reto de vivir en plenitud, ha de saber que no será fácil llegar a 100 % de lo que queremos, pero vale la pena el intento. Y lo que al final de nuestra vida logremos lo gozaremos y compartiremos pues lo hemos hecho y recibido con las mejores intenciones para vivir, servir y amar. Todos podemos ir hacia el otro. No podemos, no debemos quedarnos con los dones recibidos. Los dones son para compartilos, como la vocación. No sólo por mí, sino por tantos otros que a través de ella podrían llegar a Dios.